domingo, 23 de febrero de 2014

Cómo cultivar tomates boca abajo



1  Escoja un lugar soleado para colgar recipiente de la planta de tomate. La planta se puede colgadar de un gancho en el techo o atado alrededor de una viga


2 Seleccione una planta de tomate pequeño, como por ejemplo el tomate tipo cherry. Riéguela un poco.





3  Ahora necesitaremos un container, tipo botella o garrafa de plástico y cortamos la base. Quitamos el tapón. Vea la imagen para más detalles.


Ate un cordón o hilo a los bordes de la botella. Lo puede hacer, por ejemplo, con una aguja gruesa u otro instrumento.  Aunque en la imagen que se muestra más adelante tiene dos agujeros, es mejor hacer tres agujeros para conseguir un mejor equilibrio.



4  Saque la planta de tomate de su maceta. Cuidadosamente introducir las raíces de la planta por la boca de la botella.




5  Llenar la botella con una mezcla de buen compost y tierra. A continuación regarlo y cuelgue la botella.

6  Cuando riegue la planta trate de poner otra planta por debajo de su planta de tomate colgante para aprovechar el exceso de agua que se escape, o coloque un recipiente debajo de la planta para recoger el agua y utilizarla para regar las otras plantas.

Consejos
Su planta de tomate que crecerá hacia abajo, de modo que cuelgue la planta en algún lugar que no estorbe.
Asegúrese de que la planta recibe mucho sol.
Asegúrese de que el gancho o la viga es segura, ya que la planta puede llegar a ser muy pesado una vez que comienza a las frutas.

Advertencias
No riegue demasiado, cualquier planta que recibe demasiada agua en un ambiente interior tiene riesgos de que aparezca moho o enfermedades relacionadas con la humedad.




 Fuente: Ecoagricultor

lunes, 17 de febrero de 2014

Nuevos bancales en la huerta..

Aprovechando que estamos haciendo los nuevos bancales en el huerto, he decidido explicar un poco que es esto de los bancales.

Un bancal es una superficie horizontal en terrenos con declives, producto de la obra humana que se sostiene por pared o talud y que se utiliza para labores agrícolas y se preparan en terrenos de fuertes pendientes, de más del 30%, donde no es factible la excavación horizontal (Wikipedia).

Cuando tenemos  un Huerto pequeño siempre es recomendable  hacer bancales de madera, cerámica etc.
En nuestro caso hemos utilizado unos tablones de madera.
Una de la premisas fundamentales para un buen bancal es darle bastante profundidad, a mayor profundidad vamos a favorecer que las plantas desarrollen raíces mas grandes y sobre todo hacia abajo, permitiendo así un mayor aprovechamiento del espacio del bancal en horizontal.
¿Proteger la madera? Pues, es otro detalle que tener en cuenta. La madera en contacto con la tierra tiende a pudrirse, no estaría de más aplicar algún tipo de protección en el interior del bancal y, por supuesto, en el exterior. Lo ideal es aplicar algún tipo de protector que a la larga no perjudique a los cultivos o que pueda trasladarse a ellos, hay que pensar que luego nos los vamos a comer. En el interior de momento hemos grapado temporalmente una lamina de plástico transparente , para el exterior estamos todavía buscando alguna solución.
¿Que porqué de madera? fue una decisión puramente estética. Hemos utilizado tablones de 30 cm de ancho ( altura del bancal). De momento terminamos los dos primeros bancales ya seguiremos la obra cuando salga el buen tiempo.

¿Te animas a poner un bancal elevado en tu huerta?

Nuestro bosque de alimentos

Hemos iniciado el passado otoño nuestro bosque de alimentos, nos ha parecido sumamente interesante este concepto antiguo como el mundo donde muchas variedades de arboles, arbustos y enredaderas interactúan entre ellas y crecen con una mínima intervención por nuestra parte.
El diseño es importante pero no es fundamental, las plantas se adaptan bien y luchan por sobrevivir, el mal llamado caos es una bendición para un bosque de alimentos.
Las mal llamadas malas hierbas son magnificas para nuestro suelo deteriorado por años de cultivo químico.
Aquí tenéis el listado de plantas que hay en nuestro bosque de alimentos situado en Vilar de Mouros ( Caminha) con algunas heladas moderadas (2 o 3 bajo cero) y calor en verano (34 Grados). Altitud 11 metros.

Variedades en 17 de feverero de 2014

Cubierta vegetal:

Trébol blanco, llantén menor, guisantes, alfalfa, altramuces e otra vegetación espontánea.

Arboles frutales:

  • Acerolo rojo
  • Naranjo 
  • Limonero
  • Lima
  • Mandarino
  • Clementina
  • Albaricoque
  • Avellano
  • Castaño
  • Nogal
  • Higuera
  • Cerezo
  • Ciruelo
  • Granado
  • Kaki
  • Manzano 
  • Peral
  • Membrillero
  • Nispero de Japón
  • Melocotonero
  • Nectarina
  • Paraguayo
  • Nashi
  • Olivo
  • Mirabeles
  • Pitanga
Arbustos frutales:
  • Endrino
  • Feijoas
  • Madroño
  • Kiwis
  • Uva
  • Goji
  • Frambuesa
  • Uva espina
  • Zarzamora
  • Grosellero
  • Carissa
  • Physalis
Em primavera sembraremos el estrato bajo e aromáticas asi como otras variedades de frutales. 
Será una gozada el poder disfrutar de tanta fruta casi sin esfuerzo!!!


Bosque de alimentos de 2.000 años de edad alimenta a 800 granjeros

La permacultura a menudo se considera una cosa hippie. Sin embargo, la mayoría de sus principios y prácticas son tomadas de la agricultura tradicional alrededor del planeta. Los bosques de alimentos y policultivos no son nada nuevo. Los bosques de alimentos de Marruecos, por ejemplo, cuentan con un piso superior de palmeras datileras a un piso inferior de aceitunas, plátanos, dátiles, uvas, guayabas, moras, algarrobos y tamarindos.


miércoles, 12 de febrero de 2014

Mirabeles

Estos son los mirabeles!
Hoy, día lluvioso, nos fuimos de paseo por tierras de Tomiño y Rosal y traemos un arbolíto de mirabeles que en España se cultiva en Galícia en O Rosal,  un valle del sur de la provincia de Pontevedra.
Es una planta, variedad del ciruelo, caracterizado por producir como fruto ciruelas redondas y amarillas , con un sabor ácido. Se trata de una ciruela de tamaño pequeño y de color amarillo, recubierta en ocasiones de una pequeña piel comestible de aspecto ceroso. Alcanza su madurez entre finales de agosto y principios de septiembre. Una variedad muy recomendable.
Lo plantaremos muy pronto en nuestro Bosque de alimentos!!


Ojalá fuera siempre verano  para cosechar todo el año todas estas riquísimas frutas!!!





martes, 11 de febrero de 2014

John Seymour "El Horticultor Autosuficiente"


Es el primer libro que cayo en mis manos (un regalo de Esther) y aunque exige mucho trabajo por parte del horticultor creo que es un buen inicio. 
Despues conocí la permacultura y la prefiero sin lugar a dudas 




domingo, 9 de febrero de 2014

Plantas y frutos silvestres comestibles


Aquí os dejamos el link para consultar online o descargar el fabuloso dossier “Plantas y frutos silvestres comestibles” del Dr.Cesar Lema Costas. Muy útil en esos días que tenemos la despensa vacía.



Documental Schooling the World: The White Man's Last Burden ( Sub. PT )


Schooling the World: The White Man's Last Burden.
Carol Black [EEUU, India, 2010]

Imagen


Si quisieras cambiar una cultura antigua en una sola generación, ¿cómo lo harías? Cambiando la manera en la que sus niños son educados. Estados Unidos sabe esto desde el siglo XIX, cuando forzó a los niños nativos americanos a ingresar en los internados gubernamentales.
Alrededor de todo el mundo hay voluntarios que construyen escuelas en sociedades tradicionales, convencidos de que la escuela es la única manera de conseguir una vida mejor para los niños indígenas. Pero, ¿es esto cierto? ¿Qué ocurre realmente cuando reemplazamos la educación e interpretación del mundo en una cultura tradicional por la occidental?
SCHOOLING THE WORLD toma un reto, a veces divertido, al final profundamente alarmante, sobre los efectos de la educación moderna en las últimas culturas indígenas sostenibles del mundo.

Dirección: Carol Black
Año: 2010
Países:EEUU, India



jueves, 6 de febrero de 2014

Me caí del mundo y no sé cómo se entra

Hoy estaba en internet, y descobri este escrito de Eduardo, lo leí y no puedo evitar el compartirlo con todos ustedes.
Eduardo tal vez sea el escritor mas popular y humilde de Uruguay, sigue viviendo en una casita modesta, y su gran lujo son los cafés en el Café Brasilero de la ciudad vieja, donde lo que alguna pateamos ese pequeño sector de Montevideo hemos podido verlo y compartir con el.
Al contrario de su humilde presidente, Eduardo si se preocupa por lo que le estamos haciendo al mundo y por el mundo que le vamos a dejar a los que vienen atrás. Le preocupa que por hacer unos pesos más comprometamos el futuro de muchos. Le preocupa que exportemos los sueños de muchos en grandes barcos y nos quedemos sin sueños.
Luego de este prólogo les dejo el escrito de Eduardo, para mayores de 50, aunque creo que todos debemos leerlo y analizarlo y por que no actuar en consecuencia.

Eduardo Galeano

Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco. No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar. Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales. ¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables!
Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó botar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el pañuelo de tela del bolsillo. Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.
Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida. Es más ¡Se compraban para la vida de los que venían después! La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, vajillas y hasta palanganas.
El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad. Tiramos absolutamente todo. Ya no hay zapatero que remiende un zapatero, ni colchonero que sacuda un colchón y lo deje como nuevo, ni afiladores por la calle para los cuchillos. De “por ahí” vengo yo, de cuando todo eso existía y nada se tiraba. Y no es que haya sido mejor, es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el “guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo”, pasarse al “compre y bote que ya se viene el modelo nuevo”. Hay que cambiar el auto cada tres años porque si no, eres un arruinado. Aunque el coche esté en buen estado. ¡Y hay que vivir endeudado eternamente para pagar el nuevo! Pero por Dios.
Mi cabeza no resiste tanto. Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real. Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre. Me educaron para guardar todo. Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir.
Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso a las tradiciones) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes, el primer cabello que le cortaron en la peluquería… ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo? ¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron?
En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los trapos de cocina, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos…  ¡¡Guardábamos hasta las tapas de los refrescos!! Los corchos de las botellas, las llavecitas que traían las latas de sardinas.  ¡Y las pilas! Las pilas pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil en un par de usos.
Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡Los diarios! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia, para limpiar vidrios, para envolver. ¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne o desenvolviendo los huevos que meticulosamente había envuelto en un periódico el tendero del barrio! Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer adornos de navidad y las páginas de los calendarios para hacer cuadros y los goteros de las medicinas por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos reutilizarlos estando encendida otra vela, y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía “éste es un 4 de bastos”.
Los cajones guardaban pedazos izquierdos de pinzas de ropa y el ganchito de metal. Con el tiempo, aparecía algún pedazo derecho que esperaba a su otra mitad para convertirse otra vez en una pinza completa. Nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Y hoy, sin embargo, deciden “matarlos” apenas aparentan dejar de servir.
Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de duraznos se volvieron macetas, portalápices y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza y los corchos esperaban pacientemente en un cajón hasta encontrarse con una botella.
Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables. Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas.
Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. De la moral que se desecha si de ganar dinero se trata. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne.
No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte en cuanto confunden el nombre de dos de sus nietos, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos en cuanto a uno de ellos se le cae la barriga, o le sale alguna arruga.  Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a mi señora como parte de pago de otra con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que ella me gane de mano y sea yo el entregado.


Juguetes y pilas...

Las pilas son muy contaminantes con el medio ambiente, es muy costoso su producción y también su eliminación, reduciremos el consumo de energía y también evitaremos problemas de seguridad.
Cada año, aumenta la cifra de niños y niñas que mueren o sufren lesiones debido a la manufactura de algunos juguetes electrónicos. Son los pequeños entre los 3 y 12 años, los más propensos a sufrir un accidente.
La injesta de objetos extraños es una causa frecuente de lesiones en menores de 1 a 5 años de edad, generalmente porque los padres los dejan solos cuando usan un juguete de baterías o con piezas pequeñas para armar o ensamblar. La mayor incidencia de daño es por pilas tipo “botón” (planas o de reloj), las cuales son altamente corrosivas y fáciles de tragar por su tamaño. También, las de tipo doble AA o triple AAA, al ser deglutidas, liberan su contenido y ocasionan quemaduras internas.
Ya no es sólo por el consumo e seguridad o ser un engorro depender de baterías para que los pequeños puedan jugar; para mi es algo más que tiene que ver con la estimulación.
Nosotros ahora ya no estamos en edad de juguetes, pero a nuestros hijos y sobrinos, les solemos comprar juguetes que les ayuden a pensar. Nos encantan en general todos los juguetes para salir a disfrutar al aire libre.
La verdad es que cada vez se hace más difícil frenar la entrada de este tipo de juguetes en casa, pero parar eso es el RETO . A CUMPLIRLO.